El libro de Génesis
En el estudio del Génesis es fundamental la consideración de su perspectiva teológica... El Génesis no es un libro de texto para aprender Ciencias o Historia. Su finalidad es eminentemente religiosa, por lo que el despliegue teológico prima sobre todo lo demás. Sus narracionas atestiguan las dos grandes obras de Dios que, posteriores a la creación, descuellan a lo largo de toda la Biblia: revelación y redención. La historia misma es en sí un elemento de revelación y una sucesión de hechos redentores que resplandecen sobre el fondo oscuro del pecado y la miseria humanos. (pág. 44)
Es evidente que el autor inspirado destaca el hecho de que el pecado no procede de Dios y que mereció el juicio de Dios. Se hace evidente asimismo que el mal ya existía y que llegó a introducirse en la esfera humana por la acción de un enemigo de Dios ansioso de trastornar la hermosa obra divina cuya corona era el hombre. El misterio del origen del mal persiste, pero, sin pretender su aclaración, muchos estudiosos bíblicos han destacado que el plan de Dios de rodarse de criaturas libres capaces de comprender su revelación y de amarlo y obedecerlo voluntariamente presupone el riesgo de la desobediencia. De otro modo, las criaturas humanas no pasarían de ser simples autómatas, títeres en las manos de Dios movidos por los hilos de su soberana voluntad. Obviamente lo que da valor a la obediencia es la posibilidad de no obedecer, y lo genuino del amor se halla en su espontaneidad y en la ausencia de toda fuerza irresistible que lo inspire. Si a Dios le pareció bien correr el riesgo, ¿quiénes somos nosotros para preguntar por qué lo hizo? (pág. 91)
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